Corrupción Política Emergente

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La democracia moderna denota una separación inevitable, y cada vez más acentuada, entre representantes y representados.

En los últimos años, algunos sociólogos como M. Korstanje han sugerido que hacen falta nuevas definiciones de democracia.

¿Que han ofrecido los tradicionales partidos socialdemócratas, liberales y conservadores?;Todos la misma realidad, la única diferencia es que los unos gobiernan con todo el peso del aparato del estado, utilizando sus recursos, como si fueran propios (el estado son ellos), generando fuertes desequilibrios económicos y otros gobiernan con el apoyo del sector privado aplicando, entre otras medidas, recortes en áreas de la economía muy sensibles para paliar los desequilibrios originados por los anteriores que afectan, en principio, al bienestar de la ciudadanía en su conjunto pero, como siempre, el ciudadano común es el que paga los platos rotos por los errores cometidos, tanto de unos como de otros.

Ciertos políticos proclaman en los medios de comunicación (en bastantes ocasiones manipulados por grupos poderosos que se interrelacionan con la política) ideas innovadoras y su convencimiento de que son ellos los que, a corto plazo, lograran el bienestar de los ciudadanos. En la mayoría de los casos la realidad demuestra lo contrario; esta realidad recuerda la trayectoria de personajes que, en su momento, han manipulado elecciones democráticas con discursos y promesas posteriormente incumplidas, compra de voluntades, corrupción generalizada, etc., etc. Todas estas componendas se llevan a cabo con total impunidad, pero, antes y después, un gran porcentaje de los mismos solo pretende llegar a la política y ocupar puestos de poder a costa de la ciudadanía, sin importarles sus necesidades, y por supuesto sin tener la intención de resolver sus acuciantes problemas, tanto sea, pobreza, desigualdad, educación, salud, trabajo, entre otras causas.

Como consecuencia la sempiterna corrupción creciente en los partidos políticos y numerosos dirigentes, tan nefasta para la democracia, conduce al descrédito y deterioro de la misma y obliga, indefectiblemente, a plantearse que está fallando en las estructuras del sistema. Este tipo de delincuencia, de guante blanco, genera malestar e indignación en la sociedad socavando la credibilidad y el apoyo de la ciudadanía. Una facción política determinada, puede perjudicar, incluso oprimir a una minoría o a la ciudadanía en su conjunto transformándose ésta en una dictadura corporativa en detrimento de los derechos y libertades inherentes a la condición de ciudadanos libres en democracia.

La corrupción generalizada destruye y socava las estructuras democráticas, llámese poder ejecutivo, legislativo o judicial. Una minoría de corruptos y sinvergüenzas sojuzga a la gran mayoría de los ciudadanos honrados apropiándose de ingentes cantidades de dinero público o privado (comisiones en contratos públicos, cuotas de afiliados, donaciones e ingresos de forma irregular sin control y transparencia, etc., etc.,) que han ido y siguen yendo a parar a los bolsillos de delincuentes políticos amparados en la impunidad de sus cargos y amiguetes poderosos tan corruptos como ellos.

Más grave aún, algunos de estos mal llamados políticos, en unión de ciertos sectores de poder, sojuzgan mediante la represión a la población de sus respectivos países que padece las consecuencias cruentas de dictaduras, bajo el paraguas de una pseudo democracia, que tanto daño y muerte están causando en la actualidad.

En otros tiempos, era de manual que todo gobierno democrático perdía el poder gracias al simple hecho de elecciones ciudadanas. Y se afirmaba que muchos políticos en su ignorancia, no tenían en cuenta que el voto era la espada de Damocles que pendía sobre sus cabezas y que éste tenía la virtud de permitir que fueran recordados con dignidad o, en su defecto, repudiados y castigados, tarde o temprano, por su conducta ante la sociedad en su conjunto.

Hoy no basta con este importante manifiesto. La realidad supera con creces la buena fe y voluntad de ciudadanos de bien. En la actualidad se necesitan nuevas leyes, más severas, que penalicen estas conductas antidemocráticas y nuevos órganos de control independientes que regulen la actividad profesional de políticos, jueces, y legisladores en general. Para ello es necesario una justicia imparcial, no corrupta, que no esté supeditada al poder político. Asimismo, la creación de un organismo superior independiente (integrado proporcionalmente por jueces y personas no procedentes del poder judicial) que controle y juzgue a los jueces y fiscales que cometan prevaricación o irregularidades en el desempeño de sus funciones. Algunos de estos organismos ya existen en países democráticos, pero es lamentable comprobar la impunidad con la que actúan ciertos jueces y fiscales amparados en lo que ellos denominan la aplicación de la JUSTICIA.

Asimismo, por supuesto, una Ley de Partidos políticos mucho más estricta, en su organización administrativa, contable y admisión de afiliados más cualificados para regir los órganos rectores del partido y representar al partido en organismos públicos nacionales e internacionales con dignidad, honradez y ética (para ejemplo negativo baste ver una sesión del Congreso de los Diputados en España, para comprobar la poca altura política, zafiedad, mala educación y modales de ciertos “políticos” populistas y algún otro descarriado que pulula por los pasillos del Congreso). Por supuesto no está exenta cualquier nación de estas manifestaciones reñidas con la ponderación y el buen uso democrático de las instituciones y el poder que les confieren los ciudadanos, con su voto, a sus propios ciudadanos para que rijan los destinos de un país.

Por: Manuel Neira Sánchez