Gobiernos fallidos en democracia


neiraLos gobiernos democráticos en sus principios, con todos los inconvenientes para su consolidación, mantenían unos valores éticos y morales dignos de admiración por parte de los ciudadanos que elegían a sus gobernantes respetados en sus respectivos países, solo deseo hacer una salvedad mi admiración hacia esos personajes que lo fueron y, los que hoy son, con honor, líderes honrados.


Desde una perspectiva global y, por supuesto, sin restar importancia al valor del voto ciudadano en democracia, la experiencia demuestra que el poder del voto en sí mismo no logra contener los abusos de ciertos gobernantes, partidos y castas políticos que dominan el poder aupado en una excusa demagógica que, según ellos, les permite gobernar arbitrariamente, en muchos casos y actuar impunemente dentro de un sistema democrático.


Una vez elegidos lanzan a los cuatro vientos que esto los legitima para gobernar, sin darnos cuenta de que, una vez en el poder, manipulan la realidad para que el ciudadano cada vez esté menos preparado, más necesitado, más pobre y con menos expectativas de bienestar. Ellos saben muy bien que estas circunstancias obligan a los ciudadanos a entregarles su voto por migajas de democracia disfrazada de ayudas, dádivas, nepotismo, presión mediática, intimidación, compra de voluntades y alguna otra forma execrable de manipulación.


Los partidos políticos infectados por esa "casta política", pregonan que ellos representan a la mayoría de la ciudadanía y que están legitimados a gobernar, pero hete aquí, que para ellos gobernar es cometer tropelías y nombrar a personas no idóneas, de dudosa reputación social y, en algunos casos, de deudas con la justicia para desempeñar cargos públicos.


Nombran desde sus filas, en elecciones primarias o partidarias, al representante que tendrá que dirigir los destinos del país, en la mayoría de los casos, mediante la manipulación del voto en las urnas del ciudadano afiliado, normalmente en unas elecciones amañadas con compra de votos y otras aberraciones
Los Presidentes elegidos por "voluntad popular", (por supuesto todos ellos provienen de la estructura partidaria), a bombo y platillos, con fanfarria incluida, es decir al latiguillo de la marcha o cántico partidario se multiplican en los medios de comunicación para imponer subliminalmente la idea de las bondades personales y profesionales, pero la duda de la mayoría de los ciudadanos, es que si esa persona es idónea, ética y moralmente, para desempeñar un cargo de tanta importancia como lo es el gobierno de la nación.


La realidad nos demuestra que los medios de comunicación nos señalan, día a día y al instante, las falencias de ciertos gobernantes, la gran mayoría demagogos, mesiánicos, populistas o simplemente delincuentes que utilizan el poder para enriquecerse y sojuzgar a pueblos enteros en la miseria y la pobreza más deleznable
Estos delincuentes del poder tejen redes de complicidades con otros poderes que les permiten mantenerse impunes durante sus mandatos y más grave aún después de ejercer el cargo siguen enriqueciéndose a costa de los ciudadanos.


Estos mismos gobernantes, con sus compinches dentro y fuera de las estructuras partidarias, se encargan de coartar los derechos y libertades que hacen a la democracia el mejor de los sistemas de gobierno, cooptan medios de comunicación utilizándolos para sus propios fines espurios, compran voluntades de políticos afines o no a sus partidos, empresarios que se enriquecen sin ningún tipo de escrúpulo con el apoyo del estado corrupto, pero por supuesto, con el "vuelto" o "comisión" correspondiente en la ventanilla oficial de turno, o directamente al bolsillo de quién otorga o autoriza.


¿Qué está pasando en nuestro presente para que se haya enquistado la corrupción de tal forma que el sistema democrático permita que ciertos gobernantes y dirigentes corruptos y sin ningún tipo de escrúpulos en la toma de decisiones conduzcan irremediablemente a la explotación y miseria a millones de ciudadanos?
En esencia es sencillo, grandes corporaciones políticas, judiciales, empresariales, mediáticas y sindicales han constituido un grupo de poder que sojuzga a la mayoría de la población sin ningún tipo de escrúpulos, simplemente les interesa su explotación arrastrándolos a situaciones muy parecidas a las dictaduras. Cuanto más se recortan sus derechos y libertades y se les obliga a vivir de forma precaria y sin expectativa alguna de un futuro digno, mejor se les puede controlar y manipular.


Tenemos muchos ejemplos de países del entorno, pero por un poco de pudor y de respeto a sus ciudadanos no vamos a nombrarlos, pero cualquier ciudadano medianamente informado sabe a quienes nos referimos.


“Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento (NELSON MANDELA)”.


La democracia es el derecho que cada uno de los ciudadanos para emplear sin traba alguna sus facultades en el conseguimiento de su bienestar y para elegir los medios que pueden servirle de objeto. No hay libertad donde el hombre no puede cambiar, donde no le es permitido disponer del fruto de su trabajo, donde puede ser vejado, insultado por los sicarios de un poder arbitrario. Donde su seguridad y sus bienes están a merced del capricho de un gobernante, eso no es libertad, es tiranía.


Estamos presenciando en la actualidad la lenta degradación de los partidos políticos, minados por el personalismo; la ciudadanía retraerse y alejarse de la vida política; la acción política entregada por completo a círculos más o menos pequeños que acaban por ser absorbidos y dominados por simples personajes sin escrúpulos que ignoran las prácticas y hábitos de un pueblo libre y sus instituciones. De hecho, no representan una democracia representativa, republicana y federal por las prácticas viciosas que han ido aumentando día a día, logrando estos gobernantes sustituir al pueblo en sus derechos políticos y electorales con la aquiescencia de los cuerpos legislativos y judiciales que, en la mayoría de los casos, no cuentan con la independencia que el sistema republicando exige y son simples instrumentos actuando como correa de transmisión del poder político de turno.


No debemos incurrir en el error de buscar en la ley escrita el remedio de un mal que está en los hábitos porque será estéril mientras no se conciencie la propia sociedad, en su conjunto, y opte por un cambio radical exigiendo a sus gobernantes la aplicación a los ciudadanos de un fuerte componente cultural, integración social y compromiso activo en la reformulación de su rol en la vida política.


¿Seguirá degradando a la democracia dicha clase política, hasta convertir a la ciudadanía en general en "esclavos democráticos" del sistema dominante? o por el contrario ¿tendremos que ir a una democracia de representación directa donde los ciudadanos en asambleas comunales, barriales, provinciales o nacionales dicten leyes que les rijan y con ello lograr erradicar que esta lacra llamada "clase política" desaparezca del concierto de países que aman la democracia en plena libertad?


Para terminar todos los ciudadanos tenemos que tener conciencia plena de que los derechos civiles, políticos y sociales son consustanciales con nuestra condición como personas libres y soberanas. La democracia es patrimonio de la humanidad y todos los ciudadanos del mundo somos parte indisoluble de ella.


Manuel Neira Sánchez